28 octubre, 2009

[...]

Se encuentran y entre ellos
surgen universos y mundos posibles.

Surge el cielo
y el mar
y se ensanchan horizontes compartidos.


[...]

22 junio, 2009

las cosas que van pasando

22 de junio de 2009, Colonia, café número tres

Otra vez. He vuelto a ir a clase de "Neuroanatomie der Rodentia" y (otra vez) allí no había nadie. He subido ya un poco molesto (van tres semanas seguidas) al despacho del profesor Schröder y en hall me he encontrado a una compañera de clase que me ha dicho que si no había recibido el email. Pues no, no he recibido nada, así que me informa de que el curso se ha cancelado para el resto del semestre, y que los exámenes serán el semestre próximo.

Fantástico. Este curso me ocupaba seis horas semanales (lunes y miércoles), y para poder cogerlo tuve que renunciar a otros dos cursos que me interesaban porque coincidían en horarios. Estupendo. Además necesito los créditos de esta asignatura de cara a la convalidación cuando vuelva a Madrid, dentro de un mes. Genial, verdad?

Pues ya van tres asignaturas, tres, que había elegido y se han cancelado. Y, claro, a estas alturas de semestre no puedo matricularme en nada, y eso es un problema enorme de cara a dejar cerrada la maldita carrera cuando vuelva a España.

Así que sí, un día maravilloso. Como dicen los angloparlantes, fuck my life.

Para más INRI ya no tengo clase ni los lunes ni los miércoles, y eso sumado a que ya no tenía ni los martes ni los jueves (por esas otras cancelaciones), me queda toda la semana libre, excepto los viernes. A ver qué diablos hago con mi vida.

Y a las tres asignaturas canceladas hay que sumar otra a la que también estuve yendo, la de Psicosomática, a la que después de ir a clase varias semanas y de tener el permiso del profesor, no me dejaron matricularme porque correspondía a otra facultad. Pero fue todo una locura porque mimaster de neurociencia aquí pertenece a la facultad de medicina humana, que es donde estoy matriculado, pero en mi carnet de estudiante pusieron biología, que es donde corresponde esta especialidad en España, y lo de Psicosomática es también de medicina humana, y por lo de mi carnet no me dejaron matricularme, pese a que yo oficialmente aquí pertenezco a medicina... en fin, una locura.

De modo que de las ocho asignaturas que iba a hacer este semestre, quitando una que decidí no hacer (la de la facultad de Matemáticas), quitando las tres canceladas y la que no me dejaron hacer, resulta que al final no puedo hacer más que tres. Increíble.

Veremos que pasa a la vuelta, porque como, además, el sistema de créditos es diferente, no tengo ni la más remota idea de cuántos créditos voy a tener para convalidar allí, y nadie sabe nada...

En la radio han puesto TRES veces seguidas la canción "all by myself", joder. Y yo el otro día escribiendo tonterías de naufragios y reflotaciones, carajo. Y encima hace un tiempo de mil demonios, que parece mentira que entráramos ayer en el verano, cojones.

Hay que ver, con lo contentito que estaba yo esta mañana. Vaya mierda de día.

P.D: Nada surf: only when we get to see the aerial view will the patterns show, we'll know what to do. I know the last page so well, I can't read the first. So I just don't start, it's getting worse... Of course I'll be allright. I just had a bad day. I had a bad day.

19 junio, 2009

las cosas que van pasando

16 de junio de 2009, Colonia, café número tres

Pues nada, ya van dos semanas seguidas que voy a clase de "Neuroanatomie der Rodentia" y allí no aparece nadie.

Así que me he tenido que venir a tomarme un cafetito, por aquello de aprovechar el viaje al centro...

Estoy en el café número tres (en orden de preferencia), cuyo nombre desconozco pero que tiene es aspecto de café antiguo o salón de abuela que me resulta atractivo. (Ahora mismo la camarera le da cuerda a un reloj de pared; sobre el piano hay muchos papeles).

La decoración incluye un buen número de espejos de todos los tamaños, varias fotos antiguas de Colonia, París y gente indeterminada y probablemente borrada de la faz del planeta muchos años ha. También hay un mapa de "Germania" del año catapún, un retrato al óleo de (creo) Mozart, un piano negro de salón antiguo y varias lámparas burgueso-señoriales con varios brazos y cristales colgantes teñidos de amarillo por el alquitrán del tabaco de generaciones de clientes.

En general estas gentes hablan quedo, sin gritos ni aspavientos (excepto los fines de semana, litros de bebida nacional mediante). Además, el asunto del idioma tiene una serie de ventajas. Por ejemplo, uno puede estar rodeado de gente charlando sobre cosas inverosímiles y abstraerse de aquello sin que le moleste. La conversación queda de fondo, como un ruido blanco. Entonces es sencillo dedicarse a leer o a escribir, pese a estar rodeado de gente.

Es, sencillamente, un ruidoso silencio, un silencio disfrazado de palabras ajenas que no rebotan en la mente, sino que se quedan como pompas de jabón flotando en el ambiente, alrededor de quienes las convocan.

Por eso mismo no molestan y uno puede dedicarse, tranquilamente, a lo quiera que esté haciendo.

Eso, a menos que uno quiera escuchar el ruido blanco. En tal caso uno activa algún interruptor secreto y las pompas de jabón le explotan en los oídos, trayendo palabras con vida propia. Algunas cuentan historias, otras son misteriosas y encierran alguna clase de secreto indescifrable. Las más son ambiguas y expelen cierta fragancia evocadora de alguna cosa olvidada y, entonces, uno puede tomarlas al vuelo y darles un significado propio, en cierto sentido secreto, y con él ir tejiendo una versión personal de las historias originales que encierran.

Lo malo de este juego de espejos es que es también un juego de sombras y tiende a dejar en penumbra los espacios, lo cual está muy bien siempre y cuando uno no ande buscando ventanales, luz y taquígrafos.

Afortunadamente eso son las menos. Y para esos casos, además, puede uno generalmente hacer uso de otras lenguas, un poco menos ajenas, que dan un resultado policromo a la cosa.

Recuerdo que la última vez que fui de visita a España estaba yo en el aeropuerto, intentando leer a cierto escritor de Montevideo, y me encontré con desagradable sorpresa con la imposibilidad de una abstracción tan completa como en estas tierras del norte.

El asunto, reconozco, me puso de bastante mala leche y, refunfuñando cual anciano con bastón, mostraba mi desagrado ante los pobres diablos que no hacían más que hablar entre ellos, sin intención expresa de importunar mi lectura.

Pero claro, uno es limitado en su comprensión, sobre todo en el momento, y las palabras (esta vez propias) no flotaban como pompas sino que atacaban como flechas, penetrando violentamente en mi cerebro sin interruptor mágico que las detuviera.

Así que cuando entendí que las miradas asesinas y los carraspeos no iban a surtir efecto (más bien sólo servían para recoger miradas divertidas de extrañeza e interrogación), me levanté violento y positivamente indignado y, por supuesto después de una mirada fulminante, me marché entre bambalinas a ver si encontraba unrinconcito libre de ataques verbales (y nominales, adjetivales y demás armamento lingüístico) donde sentarme a leer mi maldito libro.

Desafortunadamente, por lo que parece abundan los castellano-parlantes en Madrid, y aunque uno intentara camuflarse entre los ingleses, alemanes, holandeses y otros de nacionalidad imprecisa, la artillería verbal seguía haciendo mella en mi paciencia (ridículamente empequeñecida a la sazón).

Finalmente me declaré vencido y con aires de jaque mate guardé el libro y aguanté el asedio estoicamente.

En fin, ahora me hace gracia la cosa, pero en aquel momento... ¡Oh! En aquel momento fue como una mortal afrenta de tiempos medievales (con guantazo incluido, de los de guante caballeresco y "reto aVd. a muerte").

Gracias a los cielos, aquello de batirse por el honor pasó de moda (entre más porque mi abrumadora inferioridad numérica no hubiera deparado ningún bien a mi precaria integridad física).

Hay que ver. Qué cosas...

22 mayo, 2009

las cosas que van pasando

Últimamente ha empezado a hacer buen tiempo en la ciudad, así que he puesto a punto mi bicicleta y me he dedicado a visitar parques metropolitanos.

He vuelto al Rhinepark, que es un parque grande en la orilla frente a la catedral donde se puede uno sentar a la orilla del río entre millones de conchaspequeñitas, pedacitos de platos y tazas y cristales lamidos y redondeados por el agua que se dispersan entre la arena.

Allí puede uno sentarse con un libro o con la melodía suave de alguna música o simplemente con el rumor del agua, y lanzar piedritas al río, y entre los árboles y el viento que mece las hojas se encuentra uno con una paz sencilla y perecedera, pero hermosa, que sube por las piernas hasta los brazos, y uno cierra los puños, distraido, y la atrapa (como la melancolía deBenedetti, que se murió de repente el día de mi cumpleaños mientras yo, ignorante, leía sus cuentos como si tal cosa).

Al día siguiente encontré otro parque muy cerca de mi casa, con una explanada verde y un pequeño lago.

Me senté en la explanada y desde allí podía ver un montón de gente sentada o tumbada, jugando a la pelota o corriendo, en bici o a pie.

Volví a sumergirme en Benedetti, pero ahora en sus poesías, y de vez en cuando, al levantar la vista, se veía la explanada con árboles al fondo, y entre los árboles y la hierba y la gente volaban millones de pelusas blancas de polen, como nieve de primavera, y la vista era tan hermosa que no encuentro las palabras adecuadas para describirla, de esa belleza que encoge el corazón y ensancha el pecho abriendo horizontes por dentro.

Pero las palabras, pobres, no saben casi nada del mundo. Describen mal las cosas de fuera y no sirven para las de dentro y, a pesar de todo, son nuestro mayor tesoro. Y uno que si no se cultiva se pierde.

Una vez dijo mi padre que hacía tanto tiempo que no escribía, que le parecía que en cualquier momento iba a empezar a rebuznar. Y desde aquel momento yo me puse a jugar con las palabras (con mayor o menor acierto) y no he vuelto a parar en muchos años.

Ahora mismo estoy, como siempre, en el café del gato, en el sillón con mesa de ruedines, mientras en la mesa redonda hay tres alemanes jugando a los personajes. El juego va así: uno piensa un personaje y los otros dos hacen preguntas de sí o no hasta descubrir quién es.

(Y yo desde aquí juego en silencio, pero juego también)

De momento han sido Amstrong, Nixon, Segolene Royal y Moisés. Mientras, por los altavoces canta Ella Fitzgerald "let's do it" suavemente.

Y en esto se me enfría el café, así que dejemos de manchurronear las hojas.

12 mayo, 2009

las cosas que van pasando

12 de mayo de 2009, Colonia, café del gato

En la boca del lobo. Ahí estaba y de ahí vengo. Es la tercera vez que voy a la terrorífica Facultad de Matemáticas de la Universidad de Colonia.

De la primera vez hará un mes. Fui decidido a tomar parte en el curso de "Numerische Simulation", y allí anduve, encogido, preguntando por el "Seminarraum 2" hasta dar con él. Llegué cinco minutos antes de que empezara, así que me dediqué a investigar las oscuras y plegosas interioridades de la boca del lobo. Di con un mural gigante de los matemáticos destacados de la historia, una suerte de museo de los horrores desde el siglocatapún hasta nuestros días. El caso es que esperé y esperé en la boca del lobo y allí no vino nadie, así que feliz de la vida me fui de allí y me vine al gato.

La segunda vez fue una semana después de la primera. Iba yo a clase de "Análisis matemático de imágenes" y al llegar y entrar hasta la zona del paladar del cánido me encontré a un señor que me dijo en alemán (que cosas) que esa asignatura se había suspendido por razones misteriosas que no pude comprender.

Así que me fui del lugar y me vine al gato, más contento que un tonto.

La tercera vez ha sido hoy. Ayer por la noche decidí categóricamente que había que probar suerte otra vez con lo de "Simulación numérica", y hoy me volví a meter en la boca del lobo, sudoroso y sombrío. Volví alSeminarraum 2, pero por la puerta pude ver a esos seres inciertos, los matemáticos, con muchos papeles llenos de cosas extravagantes. La clase tiene dos puertas. Tras ver esa escena monstruosa por la primera, pasé de largo y decidí entrar por la trasera.

Al llegar me asomé despacito, pero los seres inciertos me vieron y se giraron maquinalmente hacia mí, mirándome con ojos de calculadora LCD...

Ante tal cosa me di la vuelta y seguí por el pasillo hasta que encontré un baño. Me metí, hice lo propio, y luego frente al espejo me dije (no sé si yo al del espejo o el del espejo a mí) "¡qué diablos haces tú en la boca del lobo, hombre de dios!".

Así que salí de allí, pasé de largo la puerta trasera, aún abierta y por la que aún se veían los seres, cada vez más inciertos. Pasé también la puerta delantera y a través de las fauces salí al mundo y me vine al gato.

Reconozcámoslo, uno es un analfabeto funcional en matemáticas, qué le vamos a hacer.

Con una asignatura es suficiente (espero), porque hago una de matemáticas en la facultad de geología, que no solo no es la boca del lobo, sino que además es una facultad maravillosa, con jardines interiores varios llenos de flores y exposiciones de millones de minerales y un tronco cortado del tamaño de untrolebús.

Además la profesora es muy simpática. Se llama Sharon y dice que el Excel "it's a him" (en inglés) y que no confiemos en algunas de las cosas que "él" dice (bullshit).

En fin. El caso es que a mí los cánidos nunca me cayeron bien. Por eso siempre me voy de la boca del lobo y me vengo al gato, por aquello de desintoxicar.

Qué cosas.

las cosas que van pasando

8 de mayo de 2009, Colonia, café del gato

Pues el otro día andaba yo en el balcón fumando, en la franja incierta del día en que la noche se va abriendo paso tímidamente mientras el sol, dócil, la deja paso muriendo en un horizontepolicromado , cuando de pronto salieron de una casa frente a mi balcón dos chiquillas que se me quedan mirando, me señalan y dicen "¡mira! ¡la muerte!". La otra responde "¡sí! ¡es la muerte!" y entre risas se meten de nuevo en su casa.

Yo, divertido, terminé el cigarro aprisa y me escondí en mi casa, por si volvían a salir.

Resulta que la muerte aquí es un señor, es el muerte (der Tod), cosa curiosa. Para nosotros es femenina, y en el caso de los anglosajones se me hace más incierto, porque con ellos nunca se sabe (the death), aunque me figuro que será también masculina. Se me ocurrió investigar un poco la iconografía de tan destacado individuo/a, pero por supuesto se me olvidó un poco más tarde.

Otro día estaba yo en idéntica posición en el balcón, que es en realidad un pasillo abierto que da acceso a todas las casas de la planta, cuando vinieron corriendo los hijos de mi vecina y una chiquilla que debe ser asmática o algo por el estilo, entre estertores me cuenta que abajo hay unos matones que les persiguen sin motivo alguno (aunque yo les había oído insultarlos a voz en grito desde la protección del balcón del primer piso).

Me asomé al otro lado del balcón, tras la puerta de las escaleras, y por ahí venían sigilosamente los "matones" que resultaron ser dos chiquillas que al verme me hicieron la señal internacional de "silencio" (¡no digas nada!) con un dedo sobre la boca.

En esto salió la vecina madre de los primeros al balcón y se desató el conflicto internacional. Los "matones" exigieron un castigo ejemplar por los insultos proferidos (ashlog o similar). La madre preguntó a sus hijos que qué había pasado, y ellos respondieron que no habían hecho nada, a lo que los matones replicaron que ("doch, doch!") habían sido insultados, y señalaron como principal culpable al hijo más joven de la vecina, que se escondía de la vista detrás de su madre.

Y como ésta no proporcionara el ejemplar castigo esperado, la portavoz de los matones hizo notar que qué clase de madre no se preocupa por la educación de sus hijos, a lo cual la madre respondió que no había pasado nada grave.

La portavoz de los matones replicó que sí, que les habían llamado "ashlog" y que, por cierto, su padre es policía y le podía llamar en cualquier momento. El pequeño hijo de mi vecina se aplastaba contra la pared para evitar ser visto por la barandilla y a todo esto yo, como espectador (casi observador internacional del conflicto) terminé mi cigarrito y me refugié en la seguridad de mi casa.

Como los observadores de la ONU, ver, oír y callar, no hacer nada ni servir para nada a nadie, y si la cosa se pone difícil huir a territorio seguro.

Muy alegórico el asunto.

Otro día en el balcón estaba yo fumando bien entrada la noche, y me fijé en el silencio. De noche el silencio es absoluto, casi sepulcral. No cantan siquiera los millones de pájaros locos que sedesgañitan por las tardes, y solo un tren de cuando en cuando rompe el tedio de no escuchar nada.

Pero lo curioso es el sonido de las vías mucho antes de que pase el tren. Es un ruido metálico, como un violín tocando muy agudo diferentes notas inconexas que crean una melodía, la verdad, terrorífica pero hermosa.

Se escucha ese sonido mucho antes de que pase el tren, como si los raíles supieran de su futuro y se quejaran, como un lamento metálico y tristón.

En fin, historias de balcón y cigarrito. Hay que ver, las cosas que van pasando.

23 abril, 2009

las cosas que van pasando

Los chiquillos de mi barrio han llenado la calle de rayuelas de tiza. Tienen unas tizas gigantes, como puños, y con ellas van ocupando todos los huecos, escribiendo sus nombres, cosas indescifrables, pintando flores, casas y rayuelas.

Los más pequeños imitan a los mayores y pintan líneas, renglones torcidos y caras sonrientes.

Y en eso, asomarse al balcón es un ejercicio de vuelo. Los ojos se posan en unos u otros dibujos y, mientras tanto, la mente aprovecha el vacío y también vuela,sobrevolando la memoria y los paisajes viejos.

Unos días después llegó la lluvia y, con ella, el olvido y una calle nueva, como un lienzo por estrenar.

Estos días, tímidamente, se asoma a esta ciudad la primavera, como jugando al escondite. Sale el sol y sale también la gente, que se echa a las calles como un torrente feliz. Salen también las flores, que se engalanan con su mejor color, como dice el tango. Y con ellas vuelven los pájaros, que cantan sobre todo al anochecer, y yo me pregunto por qué. Y a quién cantan los pájaros, con una sinfonía delicada y apabullante, mientras el sol pinta colores en la franja incierta del horizonte, que siempre está pero nunca se alcanza, tan cerca y tan lejos, como un poema.

Ayer salí a fumar al balcón y había ruido. Una cosa ensordecedora. Me asomé a la barandilla y allí estaba, un empleado del ayuntamiento con una máquina cortando todas las flores del barrio. Y yo de espectador impasible, con ganas degritarle al señor ¡pero que hace, hombre de dios! y todas esas cosas apropiadas. Pero no digo nada, y el señor acaba con todas las flores y sigue su camino.

Y yo he vuelto al café del gato, que hacía un siglo. En el salón de fumadores no hay nadie, excepto una voz tristona que susurra desde los altavoces y una sensación de paz absoluta que sube por las piernas hasta la garganta.

Aunque también está Orwell, colgado en la pared frente a mí, mirando hacia su izquierda en dirección a una especie de pequeño escenario donde hay una silla gigante, un cono de carretera y una televisión de mentira con la foto de un señor tapándose la cara con el antebrazo.

También está la chimenea, con flores secas encima, y las mesas redondas para los que vienen acompañados, y este sillón y su mesa conruedines para los que vienen solos. Y el café, que se va quedando frío, así que será mejor volver a lo concreto.

¡La praxis! La praxis ha muerto, ¡viva la praxis!


las cosas que van pasando

Últimamente el tiempo ha ido andando despacito, como un bicho que hubiera perdido una pata y caminara prácticamente arrastrándose. Casi parece que el bicho soy yo mismo, que he salido lo mínimo de casa estos días, como si también tuviera alguna pata rota en algún sitio.

Cuando salgo a fumar al balcón, en una casa en el edificio de al lado a veces hay una puerta abierta. En esa casa vive una señora de edad indefinida, en silla de ruedas. Cuando la puerta está abierta de par en par se pueden ver las entrañas de la casa, un pasillo, el salón... todo vacío. La casa es una copia a carboncillo de esta, como lo es el edificio entero. Edificios gemelos con casas siamesas llenas de gente ajena... El caso es que el pasillo es estrecho. En mi casa hay un mueblecito y nosotros pasamos de lado, pero ella no puede con su silla, así que el pasillo está vacío. Vacío también el salón hasta donde alcanza mi vista o vuela mi imaginación.


28 marzo, 2009

las cosas que van pasando

Hoy la ciudad se ha despertado con la asombrosa noticia de que dos satélites, uno ruso y otro americano, se han hecho pedacitos uno contra el otro en la absurda inmensidad del espacio.

Aquí venden los periódicos en unas máquinas por la calle, con una ventana de cristal donde se puede leer la portada, y ante la cual se paran los viandantes que esperan al tranvía.

Leen la noticia con cara de sorpresa y sonrisilla maliciosa, a partir de la cual es fácil imaginarse que se dibujan en la mente los centros de control de las agencias espaciales llenas de gente mirando pantallas llenas decirculitos indescifrables y llevándose las manos a la cabeza mientras emiten, unos en ruso y otros en inglés, roncos grititos de sorpresa y vaga anticipación.

Luego se meten en sus tranvías y la vida sigue como si tal cosa, mientras en el espacio sideral miles de pedacitos tecnológicos amenazan a los cosmonautas en sus paseos espaciales y en su misma guarida, la estación espacial internacional.

Hay que ver, qué cosas.

Mientras, en las agencias espaciales vuelan los papeles, y la gente no puede evitar que se les instale, solapadamente, una clarificadora cara de circunstancia.

13 de febrero de 2009, Colonia, café Duddel

las cosas que van pasando

A veces me divierte ver a la gente malhumorada en los tranvías, entre más porque de cuando en cuando soy uno de ellos.

Es curioso cómo cierran el párpado superior mientras elevan las pupilas al cielo, con gesto rencoroso, cuando el conductor informa que el tranvía de delante se ha chocado con un coche despistado. Luego dice que hay que bajarse e ir andando a la siguiente estación, a lo que siempre alguno responde "muchas gracias!" sarcástica y airadamente, en voz alta.

Y entonces hay que bajarse, y un río de escolares con abrigos de colores baja por la calle en dirección a cualquier otra parte, y se arremolinan en torno al accidente, exclamando entre divertidos e incrédulos cosas ininteligibles, mientras el conductor eleva los brazos al cielo y muestra su enfado al tipo que sale del coche empotrado y se ruboriza cabizbajo, y llegan dos coches de policía a unirse a la función, justo delante de los sempiternos viejitos con bastón que miran y censuran con movimientos de cabeza.

Al tranvía se le han caído los faros, y en medio de aquel batiburrillo de viejitos, policías, conductores, pasajeros y escolares uno no puede evitar decidir unilateral y categóricamente que la vida es maravillosa.

12 de febrero de 2009, Colonia, café Duddel

10 febrero, 2009

el café del gato

Hoy se ha puesto a nevar sin excusa ni pretexto, como solapadamente al principio, que no se sabía si aquello era lluvia, nieve o granizo, hasta que poco a poco fue adquiriendo la presencia material y un poco fantasmagórica de la nieve.

Los días así, aderezados con "song of the black swan", son propensos a la melancolía, igual que lo son a que de pronto, en el tranvía, un señor te pregunte en alemán que de qué podría él conocerte, de dónde. Y claro, tu arrebatado así del suave arrullo del violín (¿o será una viola?) respondes balbuciendo "de nada, me parece". Y entonces el señor te pide disculpas y queda el resto del viaje un poco cejijunto, mirando por la ventana mientras tu vuelves a abrazar la melodía y te envuelves, sin tristeza, en la presencia un tanto material de tu melancolía.

Y al cabo bajas en alguna estación, y vas al laboratorio como podrías ir a cualquier otro sitio. Tubos para arriba y para abajo, frasquitos con agua de colores con la que alimentas a la máquina que después, como una hormiguita, se pondrá a trabajar sin preguntarse.

¿Qué añadir a "preguntarse"? Por ejemplo por qué nieva sin pedir permiso a nadie. Yo tenía de bachiller una profesora que decía "Nieva en Madrid" sujeto: Dios. Sería cuestión de preguntarle si acaso lo mismo puede aplicarse en Colonia...

El caso es que la máquina se pone a su tarea, con ruiditos mecánicos y estridentes, y tú te vas al bar del gato (que en realidad se llama Duddel por alguna razón misteriosa) y al entrar ya te reconocen, y te sonríen y te dicen "¿un café con leche?". Y al principio aquello te hacía gracia, una suerte de contacto, un punto de reconocimiento mutuo en esta ciudad propia y ajena, fifty fifty.

Pero luego lo mismo piensas que aquello en realidad se parece un poco a la muerte, o a una clase de vejez del alma, y rencoroso respondes que no, que quieres un té y con cardamomo, canela, pimienta y clavo. "¿Con leche?" No. "¿Y miel?" Tampoco.

Y mascullando tu rencor infantil te sientas cejijunto y molesto a beberte tu estúpido té que, además y por más burla, no te apetece lo mas mínimo.

Así que te sientas en el salón de fumadores donde, por suerte, no hay ni un alma, y consigues el sitio del sillón con mesa de café con ruedines, y liándote un cigarrillo te da por pensar que los días así, aderezados con "song of the black swan" son propensos a la melancolía.

Y sacas tu cuadernito nuevo, de tapas duras y hojas en blanco, sin cuadritos ni líneas que te molesten, y escribes de un tirón lo que te dicta el alma (o el córtex frontal, que para el caso es lo mismo), en esta ciudad propia y ajena, fifty fifty.

23 enero, 2009

texto de 1993

Otro del disquette de 1995, pero este tiene fecha dentro del documento: 7 de abril de 1993. De este cuento (libro, que lo llamaba yo) sí que me acuerdo. Creo que estaba especialmente orgulloso de él y recuerdo que tardé varios días en escribirlo. Tiene incluso una aclaración de por qué lo escribí.

Lo posteo tal y como lo escribí:

Archivo: aura-gat
Título: EL AURA DE LA LUNA

EL AURA DE LA LUNA
por José María Adrover Montemayor 

Un día de luna llena ví el aura de la luna de muchos colores.  Es una cosa maravillosa a mi edad de ocho años.
Entonces se me ocurrió dibujar la Luna y escribir un libro:

EL AURA DE LA LUNA

CAPITULO 1
EL RAYO DE LUNA

Hace mucho tiempo, en un alejado bosque había una casita y en ella vivían tres hermanos, el padre y la madre.
Era una casa pequeña y humilde. 
Tenía dos cuartos: en uno había tres camas, una para cada hermano.
La cama del hermano menor, que se llamaba Eduardo, tenía al lado una ventana que daba a la montaña por donde saía la luna.
El otro cuarto era el de los padres.

Una noche de luna llena, cuando Eduardo dormía, entró por la ventana un rayo de luna que se dejó caer sobre sus ojos y le despertó.

Eduardo se levantó y, sigilosamente, salió de la casa. Una paloma blanca que bajó de la luna le tiró un mensaje:

"Eduardo, yo sé que eres humilde y bueno. Tu puedes ayudarme a encontrar mi aura perdida ya que sin ella no puedo brillar y las estrellas no son gran cosa y si paso un año sin mi aura dejaré de existir.
Los cuatro sabios de la luna te ayudarán cuando lo necesites"

Eduardo leyó el mensaje y se quedó muy preocupa-do.

Cogió en papel y escribió por detras:

"He leido el mensaje, no te preocupes: yo encon-traré tu aura"


CAPITULO 2: 
LA BUSQUEDA 

Eduardo a la mañana siguiente preparó todo para el viaje y escribió una nota a sus padres:"Me marcho de casa para cumplir una misión encomendada por la luna. Estoy bien y volveré pronto"

Esa misma noche, cuando todos dormían, dejó su mota en la repisa y se marchó.

Caminó durante días y días hasta ver a lo lejos una cosa brillando a lo lejos. Era redonda

- ¡Qué suerte, he encontrado el aura!
- ¿No me respones? ¡He encontrado el AURA!
- No es el Aura, es un cristal
- Vaya, me he equivocado, dijo Eduardo, y siguió caminando.

Pasó las montañas de cristal y el castillo del Ogro Gris. 

Al llegar a las montañas de los Minerales cogió muchas muestras de ellos. Llevaba mucho peso y le costaba andar.

También se llevó el cristal que creyó Aura

CAPITULO 3
LA SORPRESA

Entonces divisó una casa en la que pidió poder dejar sus cosas

- Ayudenme, por favor ¿puedo dejar aquí mis cosas?
- Claro, dijo el señor que se llamaba Antonio.

Siguió andando y se encontró a un hombre que más se parecía a un lobo. 

- Hola, señor, dijo Eduardo
- Hola, dijo el lobo
- ¿Has visto el aura de la luna?
- ¿Esa cosa redonda de colores...?
- Sí, dijo Eduardo esperanzado
- La tiene el Ogro Gris en la Montaña de más atras
- Gracias

Ya se iba cuando le dijo el lobo:

- Oye, ¿tienes en qué ir?
- No
- Pues ven, te llevaré en mi nube voladora 

En un abrir y cerrar de ojos Eduardo se encontró en el Castillo donde vivía el Sabio de la Luna
Se escondió y dijo en voz baja:

- Sabio de la Luna: tú sabes sobre el Aura
- Entra en la habitación, dijo el Genio, allí verás un cofre: está dentro

Entró y vio el cofre. Lo abrió y alli estaba el Aura pero no la podía sacar porque había un cerrojo...
 
CAPITUO 4
EL VENCEDOR

Salío de la habitación y se escondió en una vasija. Alli pasó la noche

A la mañana siguiente preguntó al Sabio si alguien defendía el Aura:

- Sabio de la Luna: ¿ alguien custodia el Aura?
- Sí, un dragón al que vencerás con el brillo de esta espada.

Entró de nuevo en la habitación y.... ¡ESPADA BRILLA!

- No tocarás el Aura, rugió el dragón, pero, vencido por la luz de la espada murió

Cuando Eduardo iba a sacar el Aura apareció el Ogro, pero sacó la espada y le deslumbró.

Entonces echó a correr bosque arriba con el Aura....

***

La luna estaba ya casi muerta. Eduardo le dió el Aura y volvió a brillar destruyendo al mismo tiempo al Ogro gris.
Eduardo volvió a su casa donde todos le acogieron con cariño y la Luna en el cielo le sonreia agradecida.

FIN

En la Casita
7 de Abril de 1993

Pues es lo bueno de era de la informática, que uno se puede encontrar de repente una cosa que escribió con ocho años. Además recuerdo que esto lo imprimí y se lo di a todo pobre diablo que se cruzara en mi camino.

más sombras del pasado

Pues sí, ese disquette de 1995 está lleno de cosas que surgieron de mi mente infantil, y aquí va la segunda, por supuesto sin corregir las faltas de ortografía ni nada.

Archivo: aura-gat
Título: EL GATO PELUDO.
Erase una vez un gato que vivía
con un imbentor que imbento una
formula crecepelopara los calvos
y lo probo con su gatoque al instante se  
combirtio en una bola de pelos que maulla.
No tenía el remedio y este gato siguió
siendo peludo durante toda su vida
mientras el imbentor sigue imbentando 
el "quitapelo".

Pues eso.

documentos de 1995

Pues resulta que hemos encontrado entre un millón de disquetes de esos que ya no se usan uno que pone "documentos" de ¡1995! (en aquella época tenía yo entre 10 y 11 años). Pues bien, dentro del disquete había carpetas de todos los hermanos y dentro... ¡documentos de wordperfect para MS-DOS!

Oye, una ilusión me ha hecho! Es como una cápsula del tiempo. Voy a meter aquí algunos de los textos que escribí en aquél tiempo remoto.  (Vds. disimulen las faltas de ortografía que comete uno con diez años, pero no pienso corregirlas.)

Nombre de archivo: 122
Título: LA NAVIDAD EN EL BOSQE
Erase una vez  hace mucho, muchisimo tiempo en la casa de una familia de hormigas llamadas hormi harmi, y harmito, en invierno, nuestro amigo harmito le pidió a sus padres que le dejaran salir a coger nueces al bosque. 

No lo querían dejar porque habia una bruja llamada bruja de las nieves que encerraba a todas las hormigas que veia hasta el dia 25 de diciembre, y ese dia las devoraba.

Harmito insistio tanto que le dejaron ir, pero le dieron tres amuletos magicos. 

Al dia siguiente se fue al bosque y sin darse cuenta se fue adentrando mas y mas hasta que ya no supo volver. Anduvo dias y dias. 

En su hormiguero pensaban que le habria cogido la bruja de las nieves, pero no, aun no, aunque si seguia deambulando por el bosque sin nadie que lo acompañara no tardaria en cogerlo. Pero el se sentía seguro con sus tres amuletos. 

Un buen dia encontró a otra hormiga que lr dijo: 

- Ven conmigo a mi hormiguero, alli hace calor y aqui hace mucho frio. 

El se confió. Al llegar a un hormiguero su amiguito se convirtió en la bruja de las nieves que lo encerro en una mazmorra imposible de romper. El tranquilamente cogió su primer amuleto y con él fundió las barras de hierro, pero ¡Oh mala suerte! la bruja esteba fuera. 

El habia perdido su primer amuleto destruyendo las barras de hierro, pero la bruja lo encerró entre cuatro parades de piedra. El ya con miedo, a que lo volviera a pillar escapándose, intentó a ver si alguna piedra se rompía, pero no, tuvo que usar su segundo amuleto, y deseó estar fuera, pero desgraciadamente el hormiguero tenia cuatro parades de piedra y no le dió tiempo a usar su último amuleto. 

Ella le volvió a encerrar esta vez quitandole su último amuleto, pero error de la bruja, una de las piedras estaba medio rasgada, y entonces la rompíó. Salió por ella y recupero su ultimo amuleto, echando a correr bosque arriba. Notó que la bruja corría mas que el, y cogio su amuleto final y pidio que un rio profundo apareciera entre ellos dos. La bruja se tiró a nado, pero el ya estaba lejos, casi al lado de su casa. 

Cuando la bruja terminó de atravesar el rio corrió con todas sus fuerzas pero se cansó demasiado y dió media vuelta, ¿que importaba una hormiga menos?. Entre tanto el ya habia llegado a su casa, y con mil felicitaciones y abrazos, le recibieron y el les contó su historia con la bruja con la navidad en el bosque.

FINE.

Jose María ADROVER MONTEMAYOR
Por lo que parece, eso de escribir FINE en lugar de FIN me parecía en la época algo glamuroso, porque aparece en varios sitios. 

Y eso de "tuvo que usar su segundo amuleto, y deseó estar fuera, pero desgraciadamente el hormiguero tenia cuatro parades de piedra y no le dió tiempo a usar su último amuleto" supongo tuvo sentido en mi cerebro infantil, pero ahora mismo me pregunto qué diablos estaba pensando.

En fin, en el próximo post la increíble pero cierta historia del "gato peludo".

harto

Pues mira tu por donde, andaba yo buceando entre los millones de archivos que guardo con cosas escritas desde hace la pila de años, y he visto un documento que se llamaba "harto".

Lo he abierto y me he encontrado con que un buen día hace 3 a 5 años escribí lo siguiente:

Estoy harto de ir emparedado en el metro por las mañanas. Estoy harto de privatizaciones. Estoy harto de la televisión basura. Estoy harto de los anuncios de las páginas web. Estoy harto de tener 5 libros empezados y no enterarme nada de ninguno. Estoy harto de que me pese la mochila como un muerto. Estoy harto de salir a la calle y que me llueva. Estoy harto de la herida que me está provocando mi reloj en la muñeca. Estoy harto de tanto coche. Estoy harto de tanto gris en las ciudades, que ya las podrían pintar de algún color. Estoy harto de que se me acaben las pilas del discman. Estoy harto de la gente que se choca contigo cuando andas por la calle en sentido contrario a ella. Estoy harto de que haya millones de camiones en la carretera por la que va el autobús. Estoy harto de tanta boda real y tanta leche frita. Estoy harto de ignorar cómo funcionan las fotocopiadoras nuevas de la facultad. Estoy harto de no me dejen sacar los vasos de la cafetería de la facultad al pasillo, donde me gusta tomarme el café. Estoy harto delcadEstoy harto de tanta tontería, coño.ddfediosqueocojoderquecoñopasaquenopuedoborrarni
desplazarmeconloscursoresniponerespacionesdigoespaciosjo
derquecosamasrara.EstoyHartoDeEstePutoOrdenador,Dios.

Por lo que parece tenía el día estupendo.