Un día, asustada me dijo,
que caminando por la calle se había dado cuenta
de que no proyectaba sombra alguna sobre la acera.
Pensó que era tan poca cosa
que el sol, calladamente, la ignoraba.
Pero no se daba cuenta
de que el sol no se atrevía
a dañar su desnudez con su locura.
que caminando por la calle se había dado cuenta
de que no proyectaba sombra alguna sobre la acera.
Pensó que era tan poca cosa
que el sol, calladamente, la ignoraba.
Pero no se daba cuenta
de que el sol no se atrevía
a dañar su desnudez con su locura.