26 agosto, 2005

El escarabajo azul

Un día que caminaba por la calle alguien le llamó por su nombre. Se paró y miró hacia todos los lados, pero no vio a nadie, así que siguió caminando. Pero la voz le recriminó:
- No prestas atención excepto a lo obvio ¿eh? - se detuvo de nuevo y miró atrás.
- Eh... ¿hola?
- ¡Que hola ni que ocho cuartos! - respondió la voz.
- ¿Quién eres? ¡No te veo!
- "No te veo", "no te veo"... ¡porque no miras!
Le pareció que la voz venía de sus pies. Se agachó y al fin pudo ver quién le hablaba de esa forma: era un pequeño escarabajo de color azul.
El descubrimiento le dejó maravillado. ¿Qué debía hacer? ¿Contárselo a la gente? ¿Difundirlo a los cuatro vientos? ¡Mirad! ¡Un escarabajo que habla! ¿Entregarlo a la ciencia? ¿Que haría?... y al final decidió guardarlo para sí (cosa que el escarabajo agradeció).
Pasaba horas y horas hablando con su él. De cualquier cosa. De la vida. El escarabajo le aportaba un nuevo punto de vista sobre las cosas. Le fascinaban sus relatos de aventuras en el jardín. En fin, eran felices con su secreto.

Un día, al despertar fue a saludar a su escarabajo, pero no estaba. Se puso a buscarlo por la habitación, y lo encontró. Estaba tirado, debajo de la cama, muerto. Esa mañana lloró, como nunca había llorado. Nadie sabía porqué, pero ese día dejó de hablar. Su familia no lo lograba entender. Claro, pobres, no sabían nada. Le miraban, tristes, al verle pasar, pues no podían comprender el mal que le atormentaba.
Un día, ante los ruegos de su madre, accedió a contarles lo ocurrido. Pero se dio cuenta de que según avanzaba la historia, más cara de pena y más se mordía el labio su madre. No le creyó. Ante tal suceso volvió a su mutismo, con más pena todavía. Se pasaba el día en el jardín, tratando de encontrar otro escarabajo como ese. Se los ponía en la palma de la mano y les saludaba cortésmente. Su madre lo observaba con tristeza desde la ventana.
Unos días después se lo llevaron a un psiquiátrico. Ahora le dan tres pastillas al día. Ya no sueña. En realidad casi no siente.
Si alguien tiene un escarabajo parlanchín, por favor, mándenselo. Lo necesita más que ustedes.

1 comentario:

Parche dijo...

Quizas, el escarabajo le esta esperando, en un lugar donde las relaciones escarabajo-humanas son pan de cada dia.
Me gusto este relato.
Saludos Parchesianos.