23 agosto, 2005

Buendía

Pedro Buendía, el hijo bastardo de un conde barcelonés de buena casa y mejor queso, decidió un buen día vengar a su pobre madre, Ataulfa Buendía, muerta por el desprecio de dicho conde. Pero de él no sabía nada, ni siquiera su apellido, pues heredó el de su madre al no querer éste que un escándalo arruinara su matrimonio con una horrible (pero rica) doncella venida de los lejanos confines de la tierra. ¿Quién sería ese maldito? Su madre jamás le dijo su nombre. De hecho su madre nunca le dijo nada, pues tuvo la mala suerte de perder la lengua y la vida, y por ende el habla, en una desafortunada tarde de verano, la tarde en que la abandonó el conde, pues habiendo comido abundancia de arándanos por la crisis de ansiedad que en ella desató su rechazo, dicha lengua apareció muy morada. Al ser los arándanos del cura, y ser este mismo cura quien la interrogaba sobre el color de su lengua, ella tuvo que disimular.

Intrigado por tan misterioso acontecimiento, el cura tuvo a bien pasar el caso a su colega Monseñor Merst, el conocido inquisidor, que en un ataque de originalidad decidió que aquello no podía ser fruto más que del mismísimo señor de las tinieblas, por lo que lo más recomendable era cortar por lo sano antes de que se apoderara del resto del cuerpo. Esa misma noche la pobre Ataulfa perdió la lengua, el habla y la razón, pues (balbuceante) tuvo la valentía de enfrentarse al inquisidor al defender su inocencia. Visto esto, el inquisidor decidió que el diablo se había apoderado de ella y la mandó quemar viva. A medianoche, el pobre Pedro tuvo que presenciar, con solo dos meses de vida, la muerte de su querida madre.

No es que el recuerdo estuviera muy vivo en su memoria, la verdad, pero cumplidos los 18 años, su padre adoptivo, Anselmo Caminos, (hombre del circo que le convirtió a los 5 años en hombre-bala, razón por la cual Pedro había perdido una pierna y tres dedos de la mano izquierda), decidió contarle su verdadera historia, siendo esta la razón del odio del bueno de Pedro al desconocido conde maldito.

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