11 enero, 2006

Hada Madrina


Hace bastante tiempo que no escribo, se imaginarán cuán llena de emociones está mi vida últimamente. Pero hoy era necesario escribir porque he tenido un encuentro interesante.
Iba sentado en el metro mordiéndome las uñas (como de costumbre), vicio estúpido que he intentado dejar en varias ocasiones sin conseguirlo (he usado hasta potingues como el Mordex que hacen que la uña sepa fatal, pero nada). En fin, en ello estaba cuando una mujer colosal que estaba a mi lado se me quedó mirando fijamente, ladeó un poco la cabeza y arqueo un poco las cejas. Lo entendí: dejé de morderme la uña y ella esbozó una ligera sonrisa. Y ahí estaba yo, con síndrome de abstinencia y con la voluminosa hada madrina a mi derecha. No sabía muy bien que hacer, así que acerqué mi mano a la boca pero no llegué a morder una uña, pues ella comenzó a hacer chocar sus anillos con la barra de agarrarse, haciendo ruido hasta que volví a alejar la mano de mi boca. Volví a mirarla y volvió a sonreir. De nuevo con el mono. Nunca me muerdo más las uñas que cuando soy consciente de que lo hago.
Por fin se baja, libre al fin. ¿Libre? No, ya no podía morderme las uñas pues veía su cara de pan sonriente a mi lado y sus anillos repiqueteando en la barra. En fin.
No se medió palabra pero comprendí perfectamente que esa mujer, en realidad, era mi madre en otra vida.
Estoy dejando el maldito vicio. Gracias mil-

1 comentario:

Parche dijo...

no todo se dice con palabras, al parecer.
Saludos Parchesianos.