26 de OctubreA veces, al caminar por la calle, sonreía a los transeúntes. Ellos respondían a veces con una mirada inquisitiva mientras se preguntaban qué diablos querría de ellos. Otros ponían cara de sorpresa. Se podían contar con los dedos de la mano a los que devolvían la sonrisa.
Puede parece absurdo, pero no lo es. Cuando llevas mucho tiempo inmerso en una soledad autoproclamada cada vez resulta más difícil entablar una conversación normal, por decirlo de algún modo. Te pones nervioso y no dices más que tonterías supinas que tú mismo catalogarías como ridículas. En fin. No podemos dejar que por el mismo motivo nos convirtamos en autómatas apáticos de esos que se preguntan qué querremos de ellos. ¡Pues nada! ¿Qué vamos a querer? Desde luego, hay cada ser suelto por el mundo que más valdría meterlos en jaulas.
Hoy me he ido a Alcobendas y me he equivocado de autobús. De repente he visto que el susodicho autobus no iba por ninguna ruta conocida, y he visto a lo lejos el CosmoCaixa, a donde iba a una conferencia, y he pulsado el botón de parada. Pero el autobús ha parado tiempo después, vayasusté a saber dónde.
El caso es que me he bajado, momento en el cual, y aprovechando que alguien me robó el paraguas el otro día en el aula de informática de la facultad, pues se puso a llover como nunca. Llover y llover y llover y yo que no sabía dónde estaba, claro, me puse a andar por medio de una zona de parque (uséase: sin fachadas para protegerse), con el segundo diluvio universal sobre nuestras cabezas, en dirección opuesta al autobús, por ver si volvía a reconocer el sitio al que iba.
Empapado es poco, me temo, para cómo me puse.
Como no tenía paraguas cogí un periódico de estos gratuitos que me habían dado al salir del metro y que casualmente guardé en la mochila (ignoro el motivo) y lo usé a modo de gorro. En esto, como es lógico, me dio el ataque de risa, y iba con mi periódico en la cabeza, con mi mochila, bajo la lluvia y a carcajada limpia. La gente, claro, me miraba de nuevo entre la desconfianza, la sorpresa y la afabilidad. Bueno al final llegué a un parque que tenía un riachuelo seco en cuyo fondo había todo lo imaginable, aparte de un fango maloliente de un color indescriptible. Allí, bajo la lluvia, me encontré con un señor que iba corriendo, haciendo footing (¡!) con un chándal rojo. Le pregunté por mi destino y me dijo que iba en dirección contraria, que volviera por donde el riachuelo fangoso y fuera hacia el otro lado. Bueno, en fin, poco más, hice lo propio y llegué a mi destino, calado hasta los huesos (y lo mismo me he puesto malo, me duele un poco la cabeza).
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27 de Octubre
Hoy he pinchado y cortado cerebros de cordero, que pese a no ser tan grandes como el humano son bastante consistentes. Son del tamaño del cazo que pueden formar mis dos manos. Me ha resultado una curiosa experiencia. En parte porque no me imaginaba la facilidad con que hundes las pinzas en el telencéfalo, aún sin querer. Que cosas.
Por otro lado, resulta que tengo que presentar un seminario acerca de la evolución de las conexiones neuronales, cosa que la que no se un pimiento (por ahora). El caso es que me he pasado buena parte de la tarde sin encontrar nada buceando por las bases de datos online del tema, después de cambiar el ordenador tres veces de sitio en la biblioteca de mi estúpida facultad en obras porque la maldita antena da una miserable señal. En fin.
El caso es que menos mal que me he entretenido así la tarde porque si no no se qué diablos habría hecho. Ya he ido esta semana dos veces a la heladería a conectarme a internet, y otras dos a Alcobendas a pasar la tarde en una conferencia. He estado dos veces en libreros preguntando por libros y he ido dos veces a la Fnac (me acabo de dar cuenta de esa curiosa relación numérica). En fin, tras tantas acciones binarias (como las estrellas) pues ya no se qué diablos hacer con mi vida. He pasado apuntes, he visto películas, he ido a la compra, he puesto lavadoras y he fregado los platos. He hecho arroz con verduras, he frito huevos... en fin.
A veces me pongo existencial y pienso en la soledad. No en la soledad como ahora, yo solo en mi casa, no, sino en la Soledad con mayúsculas y a largo plazo. En fin, la verdad es que no soy un ser extremadamente sociable, y hasta diría que soy un poco sociófobo, pero no es a propósito. No es mi intención, por así decirlo. El caso es que no me sale. Por ejemplo, tengo una tristeza tontorrona que me da a veces en los momentos más inadecuados, como en medio de una fiesta de disfraces, mientras me siento absurdo. Otras veces me da la felicidad tontorrona, que también la tengo, pero también me da por cosas ridículas, como ayer, cuando se puso a llover a mares y yo me había equivocado de autobús y estaba solo en medio de quién sabe donde. Pues ahí me dio la felicidad tontorrona. A veces me da también cuando estoy con amigos, y me río de manera absurda y ridícula por alguna estupidez. En fin. Pero lo peor es si me vienen las dos a la vez; algo así como una felicidad tontorrona, que sé que es gratuita y pasajera, que es interrumpida, debido a ese conocimiento, por una tristeza tontorrona, que suele ser menos pasajera que la primera.
Bueno, en fin, supongo que a todo el mundo le pasa esto en mayor o menor medida. Me pasan otras cosas más horribles que no tengo intención de escribir nunca en ningún sitio. Supongo que a todo el mundo le han pasado sus cosas horribles que no quiere escribir nunca. Pues yo no soy, por supuesto, la excepción.
Hablando de otras cosas, he vuelto a pintar. Sigo con las acuarelas, y produzco obras de un gusto inexistente y una técnica despreciable, pero sigo en ello. El problema (aparte de la técnica y el gusto, que podrían mejorar con la práctica) es que muchas veces cojo el pincel y preparo todo el tema (todo el tema es un vaso con agua y un folio) y luego me quedo en blanco y no sé que diantres dibujar (aparte de que no sé cómo, pero esa es otra cuestión). El tema es que si tuviera claro y en mente lo que quiero pues sería más fácil intentar plasmarlo. Pero claro, esto es como todo. Tengo claros los días que tengo que ir a clase y a las prácticas y poco más. Esos son los pilares de mi vida organizada.
La verdad es que suena horrible, pero no, está bien así. Voy tirando. En fin, buenas noches.
2 comentarios:
Dicen que en el cine moderno, lo importante no es el llegar sino el trayecto. ;)
Madré, y yo decía ke no escribías nada! Yo también me calé ese día... bueno era por la noche, pero en fin...
Espero ke mu bien en tu pisito, mucha suerte para la ponencia esa ke tienes ke hacer, y nos vemos en breve.
Oye, hoy voy a un concierto de guitarra clásica, si ves esto y te apetece venir, llama. Vale 12 euros, y me han dicho ke merece la pena.
Muchos besos
Noe
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