01 noviembre, 2006

absurdo

Hola! - dijo al entrar en su casa. Sabía de sobra que estaba descarnadamente vacía, terriblemente hueca, pero aun así, al entrar siempre decía "¡Hola! ¿Qué tal?".

Puede parecer absurdo, pero no lo es. Son las pequeñas cosas que nos hacen reír y soñar las que hacen posible la vida, las que le dan sentido a la vida. ¿Cual es el sentido de la vida? Nacemos inciertos, de niños somos inocentes y felices, luego estudiamos, crecemos, seguimos estudiando y aprendiendo cosas que a fin de cuentas acabarán en el cubo de la basura, junto con el soporte, nuestro cuerpo, cuando llegue la hora. Luego trabajamos para poder vivir o viceversa, según el caso. Entre cosa y cosa ocurre lo mejor, que es conocer personas, estadios temporales de la materia, como nosotros, que pueden transmitirnos el infinito. Eso siempre y cuando lo permitamos, claro. Pero no es tan sencillo. No se trata de intención. En muchas ocasiones nosotros mismos mismos impedimos esa transmisión. ¿Por qué hacer tal cosa? Por miedo. ¿A qué? A nada concreto, y a todo a la vez. No es fácil de explicar. Pero no se trata de intención. La intención siempre mira más allá de lo que el ahora permite, y por tanto el concepto nunca se aproxima a lo real. Esto no es bueno ni malo, simplemente es.

La forja del destino no pertenece a ningún ser mitológico, para desgracia nuestra, sino a nosotros mismos. Por ese motivo estamos condenados a ser conscientes y los únicos responsables de nuestra vida, lo cual pese a todo es de agradecer. Pero implica que somos culpables de nuestra propia miseria. Y esto, junto con el conocimiento de que la propia existencia es una cuestión temporal, el conocimiento de la propia muerte, hacen del ser humano el más desgraciado de todos los seres que habitan este mundo.

Es cierto que el concepto abstracto no puede ser satisfecho por la realidad, mal que nos pese. Por eso no somos lo que creemos que somos, ni los demás son lo que creemos que son. Ni nosotros somos lo que los demás creen que somos. Todo eso no es más que simplificación hasta el absurdo, siempre, para cualquier individuo, por mucho que lo amemos o despreciemos, solo serán burdos brochazos del conjunto final. Pero esto tampoco es bueno ni malo, sino que es. Pero a pesar de ello, no puede sino generar insatisfacción, pues ningún ser se comportará como esperamos que lo haga, ni siquiera nosotros mismos, lo cual da que pensar. De hecho, quizá seamos nosotros mismos los que peor nos ajustamos al concepto que tenemos de nosotros mismos, lo cual no nos hace buenos ni malos, nos hace humanos.

Pero no hay nada de especial en ello. Somos humanos como podíamos haber sido cualquier otra cosa imaginable. O nada en absoluto. Es un estado compartido por muchos individuos, pero que no otorga grandeza alguna. Por supuesto otorga derechos, no lo dudo, y los otorga no por seres humanos, sino por seres sensibles, cosa común a otros seres a los que no se conceden desde la grandeza humana los derechos que debieran. Pero no me extraña, pues en realidad no se les concede ni a ellos mismos.

Pero eso sí, el concepto que cada cual tiene de sí, sin ser necesariamente mejor al concepto que tiene de otras personas, si le permite soportarse en la medida de sus posibilidades, con altibajos por supuesto. Cuando esto falla, entonces tenemos un problema. No soy de la opinión de que el suicidio sea un método de llamar la atención. Lo digo porque es algo que he oído multitud de veces, pero no comparto. De hecho, creo que el suicidio es una salida razonable a un ser que no puede soportarse a sí mismo por más tiempo. Por supuesto, no comparto la salida, no nos vayamos a asustar que la gente es muy melodramática, pues es conveniente intentar encontrar un nuevo marco de lectura en que poder ser sin odiarse. Pero ¿cómo pretender llamar la atención con la propia muerte? no tiene sentido alguno. Si uno lo hace sin convicción, por bajeza personal, no digo que no pueda ser este el motivo. Pero una vez muerto, ¿la atención de quién va a reclamar el suicida? Es un planteamiento tan absurdo como otros de la psicología contemporánea que, pese a que respeto profundamente, me parece no solo etnocentrista, sino burgueso-centrista si se me permite la palabra. No puedo aceptar las explicaciones sobre el ser humano basadas en conceptos locales, y las rechazaré en cualquier área del conocimiento.
En fin...

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