Los seres humanos somos máquinas al servicio de nuestras propias neurosis. ¿Por qué? Quien sabe...Es una conclusión a la que he llegado en estos últimos días; nuestro inquebrantable afán de idealizar nos lleva constantemente a la total desorganización del mundo pequeñito y ordenado que nos creamos para poder afrontar el día a día y lo inexplicable de nuestra absurda existencia. Idealizamos en los demás lo que nosotros creemos que ellos piensan, que ellos hacen y que ellos sienten; en definitiva: lo que ellos son. Pero "los demás" son otros seres humanos, otros individuos en lo mas estricto de la palabra. Individuos con sus propias ideas,sus propios motivos y sus propias prioridades. Con sus propios mundos pequeñitos y ordenados, en los que se mueven igual que nosotros mismos, buscando, como nosotros, el sentido de una existencia que, de no ser por ese instinto simplificador que nos caracteriza, sería una carga imposible de soportar.
Y es que al idealizar, que es la característica mas intrínsecamente humana que he podido encontrar, ponemos nuestro anhelo y esperanza en las acciones que esperamos, creemos o, en realidad, deseamos que los demás hagan, debido a las reglas simplistas que, sobre ellos, hemos establecido en nuestra mente. Sólo conozco un final para esta estúpida costumbre impuesta por nuestra propia naturaleza; sólo un porvenir para la ilusión, y es esa sensación de humillante estupidez que nos inunda cuando nos damos cuenta de que estábamos equivocados.
Se puede dejar de idealizar. Yo de hecho lo he intentado una temporada. No es empresa fácil, pero se vuelve sencillo con la práctica. Sólo hay que tratar de diseccionar la realidad hasta chocar con el lodo en el que viven esos seres que comparten mas del 90% de nuestro genoma: las lombrices de tierra.
Llevo varios días viviendo en este nuevo mundo aún mas pequeñito y ordenado. Lo que ocurre es que la realidad comienza a tener, si cabe, menos atractivo. Las cosas pierden su interés. No solo las cosas, sino sobre todo las situaciones, los anhelos... las personas.
Con el tiempo, te das cuenta de lo absurdo de tratar de acabar con la idealización; y es que ¿qué interés puede tener un mundo del que nada puedes esperar? No se puede pretender que todos son como a nosotros nos gustaría que fueran según los planos que, cuidadosamente, hemos dibujado acerca de ellos. Pero lo que si podemos, es confiar en que lo sean. De este modo conseguimos que nuestro insignificante planeta y nuestra aún mas insignificante realidad tenga un atractivo, o al menos, una razón.
Así que me he decidido a abandonar toda tendencia desidealizadora. Y es que es mejor chocarse contra un muro de vez en cuando que acabar ahogándose en el fango al que llegamos diseccionando minuciosamente la realidad. Aunque esto lleve irremediablemente al desequilibrio de mi pequeño mundo. Directamente a la neurosis, a la desilusión y al batacazo contra el muro.
Buenas noches, tristeza -
2 comentarios:
Qué razón tienes...idealizar, desorden y estupidez. Y vuelta a empezar. Dando bandazos siempre de forma continua. ¿La madurez? ¿Crecer? Para mí solo significa repetir éste y otros mecanismos de forma primitiva. Así que hay que simplificar, pero sin llegar a aniquilar nuestra pequeña dosis de vida. Chocaré contra el muro, pero chocaré una y mil veces saboreándolo hasta el límite. ¿ No ? Es lo más inteligente que podemos hacer.
Éste es mi pequeño comentario de desparrame mental, acto cada vez más frecuente :-). De vez en cuando no viene mal. Gracias por tu comentario, Saludos y suerte!
Publicar un comentario